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La Historia

La Domus Sessoriana encierra siglos de historia. Su nombre deriva del Palazzo Sessoriano que desde el siglo III fue morada de los últimos emperadores, a partir de Septimio Severo hasta Constantino y su madre Elena. A mitades del siglo III d. C. el peligro de las invasiones bárbaras requirió la necesidad de fortalecer las defensas alrededor de Roma. Así que el emperador Aureliano ordenó la construcción de un nuevo cinturón de murallas más fortificado que fue realizado entre los años 271 y 275 d. C. El tramo de las Murallas Aurelianas que envuelve el área de Santa Cruz constituye uno de los mejores conservados de las murallas de Roma. En la zona sudeste de la Basílica han sido sacados a la luz los vestigios del Circo Variano, construido por el emperador Heliogábalo (218-222). Adyacentes a la Basílica y al Monasterio se encuentran los restos del Anfiteatro Castrense que estaba situado en el punto más alto de la zona y que Aureliano lo incorporó al recinto defensivo de la Ciudad Eterna (270-275). Su nombre deriva de Castrum que, en época tardoantigua, asumió también el significado de morada imperial y estaba destinado a espectáculos de corte y maniobras militares. Los restos del Anfiteatro –visibles desde la terraza panorámica de la Domus Sessoriana – han seguido las vicisitudes del Monasterio, tanto es así que fueron utilizados para la construcción de sus nuevos edificios a mediados del siglo XVIII. En el siglo IV, Flavia Julia Elena, madre del emperador Constantino I, vivió en este complejo edilicio, renovando las denominadas Termas Helenianas, de las que se han hallado algunos depósitos pertenecientes a la cisterna que las alimentaba, y aprovechando de una sala rectangular, realizó la primera iglesia, la actual Basílica de la Santa Cruz en Jerusalén, donde atesorar las Reliquias de Cristo halladas por ella milagrosamente en el monte Calvario. La estructura del hotel nace de la recuperación de un Monasterio construido en el siglo X por voluntad del Papa Benedicto VI, encomendado a lo largo de los siglos a varias órdenes monásticas (benedictinos, cartujos, cistercienses) hasta el año 2009.

El proyecto de restauración, rehabilitación y renovación necesario para promover y garantizar el pleno uso de la Domus Sessoriana ha sido realizado con el intento de asegurar la utilización óptima del complejo monumental en el respeto y en la valorización de su patrimonio. Los interiores del Monasterio que datan del siglo XVIII y hoy visibles, conservados y restaurados en sus colores originales, han sido el punto de referencia para todas las obras realizadas en el hotel. Las pinturas a la cal, los pavimentos de terracota, la restauración de los marcos de estuco de las bóvedas, la utilización de la piedra y de las técnicas detalladas de colocación, y el empleo de soluciones de iluminación han sido realizados en el respeto de las funciones estético-formales del genius loci y de su estratificación cultural.

Todas las obras se han cumplido bajo la vigilancia de los funcionarios de la Superintendencia del Ministerio de Bienes y Actividades Culturales.

El Hotel

El complejo edilicio destinado a la acogida coincide con una amplia área del Monasterio completamente renovada, equipada con todas las comodidades y sumergida en un escenario de valor inestimable. Dispone de 80 habitaciones de varias dimensiones y categorías: individuales, dobles, triplas y cuádruplas, más una suite, todas creadas a partir de las celdas donde vivían los monjes y a las que se accede a través de amplios y largos pasillos, elementos característicos de los Conventos. Cada habitación de la Domus Sessoriana está equipada con baño privado, pavimento de terracota, acabados a la cal para paredes, mobiliario artesanal realizado según las directivas de la Superintendencia, y con todo el confort de la modernidad: climatizador, minibar, caja fuerte, TV. Toda la estructura presenta refinadas soluciones de iluminación y de sistemas de seguridad contra incendios controlados por personal cualificado.

La estructura está formada por dos bloques. El primero, llamado Ala Conventual y edificado sobre las murallas romanas, está compuesto por un primer nivel con hall, reception, espacios con sofás para leer o relajarse y una sala de congresos. Desde este nivel se llega, de manera fácil y sugestiva, al nivel superior gracias a un moderno ascensor con cabina y estructura transparente que permite la visual de incomparables cuadros del siglo XIX. Esta planta del Ala Conventual està destinada por completo a amplias salas a las que se accede a través de un imponente pasillo. Una sala se puede utilizar para seminarios y congresos, mientras otras salas se pueden utilizar para reuniones de negocios con pequeños grupos de personas.

Subiendo con el mismo ascensor, los huéspedes acceden a una planta intermedia, o Planta de los Monjes, y al desván donde econtramos las habitaciones más pequeñas, pero igualmente dotadas de los mismos servicios y confort, pudiendo asomarse sobre los tejados del Monasterio y de la Basílica, mirando desde cerca el Campanario románico. En la Planta de los Monjes se encuentra también una sala de reuniones, equipada con las mejores tecnologías.

En el nivel más alto se encuentra la terraza desde la cual es posible disfrutar de una panorámica de Roma, empapándose de siglos de historia: se pueden contemplar los huertos del Monasterio, ubicados dentro del perímetro del Anfiteatro Castrense (el segundo anfiteatro romano que se conserva después del Coliseo), la Archibasílica de San Juan de Letrán, las cúpulas y los tejados de la ciudad. Esta terraza, donde se puede desayunar al aire libre o en el porche climatizado, lo ideal para los días de invierno o cálidos, permanece abierta todo el día para los huéspedes, para poder admirar el atardecer o el amanecer.

El segundo bloque, llamado Palazzina, que comunica con el Ala Conventual tanto por un recorrido exterior como por un recorrido interior, tiene cinco pisos finamente decorados.

Todos los pasillos, las salas y las terrazas intermedias están amueblados con sofas, butacas y quitasoles que dan la posibilidad al cliente de leer y relajarse. Además es posible dar un paseo a lo largo de las excavaciones arqueológicas para llegar al restaurante.

Las recientes obras de restauración no solo han permitido a la Domus Sessoriana obtener un mayor número de habitaciones para satisfacer las exigencias de la clientela, un proyecto muy ambicioso, si se considera la estructura muraria, pero finalizado a ofrecer gratuitamente a los huéspedes un servicio esencial en la hospitalidad moderna.